El informe Cirium la sitúa como la cuarta aerolínea más limpia del mundo gracias a su flota joven
MADRID. – En un sector donde las promesas de sostenibilidad suelen sonar a música de futuro, Air Europa ha logrado aterrizar con datos contundentes en el presente. La compañía española se ha posicionado como la única aerolínea del país —y la única de red regular a nivel global— en colarse en el «top 10» de las compañías más eficientes del planeta, según el prestigioso informe EmeraldSky 2025 elaborado por la consultora Cirium.
El reconocimiento no es un simple galardón de cortesía. Cirium, el proveedor de datos estadísticos más influyente de la aviación, le ha otorgado el sello Gold tras auditar a las cien mayores transportistas del mundo. Con una marca de 53,9 gramos de CO₂ por asiento-kilómetro disponible (ASK), la aerolínea ha escalado hasta la cuarta posición mundial, mejorando sus propios registros del año pasado.
La clave: aviones que «comen» menos
¿Cómo se consigue ser una de las aerolíneas más limpias del mundo mientras se cruza el Atlántico a diario? La respuesta no está en la magia, sino en una agresiva política de renovación de flota. Air Europa opera hoy con una de las plantillas de aviones más jóvenes del sector, con una media de edad que no supera los 10 años.
El verdadero protagonista de esta transformación es el Boeing 787 Dreamliner. Este modelo, junto al 737 MAX, se ha convertido en la columna vertebral de una operativa que prioriza la eficiencia. El Dreamliner es capaz de reducir el consumo de combustible y las emisiones hasta en un 25% en comparación con aviones de su misma categoría. Es, en términos sencillos, volar más con mucho menos.
Tecnología contra las emisiones
Más allá del fuselaje, la compañía ha integrado soluciones digitales para arañar cada gramo de carbono posible. Destaca el uso de OptiClimb, una aplicación de inteligencia de datos que calcula la velocidad de ascenso óptima para cada vuelo específico. Solo esta herramienta permitió ahorrar la emisión de más de 10.000 toneladas de CO₂ el pasado año.
A esto se suman protocolos operativos que, aunque pasan desapercibidos para el pasajero, tienen un impacto real:
Rodaje con un solo motor: Los protocolos SETO y SETI permiten que el avión se desplace por la pista antes del despegue y tras el aterrizaje usando únicamente una turbina.
Electrificación en tierra: En aeropuertos como Madrid-Barajas y El Prat, los vehículos de mantenimiento han sido sustituidos por alternativas eléctricas, alcanzando el 87% de la flota de asistencia en ciudades como A Coruña.
Un compromiso con fecha de caducidad
Air Europa se propuso en 2015 un reto ambicioso: recortar sus emisiones en un 30% para el año 2030. A día de hoy, los deberes van por buen camino, habiendo alcanzado ya una reducción del 23,58%.
Este rendimiento sostenible, validado también por la certificación EMAS que la compañía renueva ininterrumpidamente desde 2012, llega en un momento dulce para su imagen internacional. Tras los premios obtenidos en el reto The Aviation Challenge de la alianza SkyTeam, la aerolínea confirma que su estrategia no era solo marketing, sino una transformación operativa de calado.
Para el viajero consciente del impacto ambiental, la compañía ha dado un paso más allá asociándose con la tecnológica Chooose. A través de este programa, los pasajeros pueden conocer la huella real de su trayecto y, si lo desean, comprar créditos de carbono para apoyar proyectos certificados, cerrando así el círculo de una aviación que, poco a poco, intenta dejar de mirar al cielo para cuidar el suelo.